Realidad no Conciliada
La realidad de que hablamos, la arquitectónica, deberá verse en su contexto urbanístico y regional de manera que sea claro que se trata de diferentes niveles interrelacionados.
La íntima conexión entre las teorías y las prácticas del urbanismo y la arquitectura deberá recuperarse desde una doble perspectiva: la del Movimiento Moderno y la de sus refutaciones críticas de la última década.
La ciudad, el territorio, están en un punto crítico de ruptura y no admiten ya su estudio a través de modelos tranquilizadores que intenten "al lanar" en el papel dibujado las "asperezas" concretas de la vida cotidiana.
Guardias armados, barreras y puestos blindados, aparecen como fachadas en countries y conjuntos de Torres amurallando los nuevos ghettos de la riqueza.
El quiebre enfermo del "tejido humano" materializa el quiebre del ''tejido social". Y del otro lado de la todavía importante ciudad de la clase media crecen los ghettos de la pobreza en las villas miserias.
Desocupación, subalimentación y luego droga, prostitución, delincuencia y locura se apoderan de nuestra vida urbana.
Esa realidad nos apremia con dos tareas: desde el oficio, la de la búsqueda de la recomposición de la ciudad destruida y desde un plano más general la de la participación en la lucha por reconstruir el tejido social quebrado.
Esto significa que rechazamos la arquitectura encerrada en si misma, el diseño de atrayentes y sofisticados objetos para detrás de las barreras y los guardias.
Pero esto no debe entenderse como indiferencia por la forma o aun por los valores estéticos de la forma.
El arquitecto habla, en última instancia, por sus edificios construidos y habitados y allí la cualidad de "buen objeto" no puede menospreciarse.